Puerto Nariño Amazonas: ¡Un turismo que fascina y crea conciencia!

Puerto Nariño es el segundo municipio más importante del Amazonas, después de Leticia, una pequeña localidad de apenas 3 mil habitantes, donde el único carro que circula por decisión de su población es el de la basura. Este municipio gira en gran parte alrededor del turismo. Pero no cualquier tipo de turismo, un turismo responsable y comprometido en bien de la comunidad y del medio ambiente, es por ello que Puerto Nariño se precia de ser el primer destino turístico colombiano en haber sido certificado como sostenible.

Un viaje a Puerto Nariño Amazonas, vale la pena que sea por más de unas horas…

Para llegar a Puerto Nariño desde Leticia hace falta tomar una lancha rápida y navegar los 80 kilómetros que separan las dos poblaciones, el recorrido se tarda de 1 hora 30 minutos a 2 horas y es todo un abrebocas a los encantos que nos depara esta zona del país. Al llegar a Puerto Nariño, se evidencia el cambio de color del río Amazonas a uno más oscuro que corresponde al río Loretoyacu.

Aunque la mayoría de operadores y agencias lo proponen para pasar solo un par de horas, muchos de los viajeros que lo visitan se quedan con el sinsabor de no haber tenido el tiempo para conocer más de esta pintoresca población, tan increíblemente tranquila, con un ritmo de vida utópico para estos tiempos.

En lo personal, cuando desembarcamos de la balsa en la que navegamos desde Leticia y atravesamos el muelle de ingreso a la localidad, quedamos maravillados con los intensos colores que emanaban por doquier, en un primer plano sobre el río se dejaban observar unas materas colgantes, curiosamente  construidas con botellas de plástico, más adelante a mano derecha, una casa azul en el agua rodeada de vegetación.

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Toda esa fascinación solo fue interrumpida por un grupo de militares que nos saludaban, a nosotros y a los demás viajeros que también se veían deslumbrados ante aquel escenario que prometía quedarse grabado en nuestras retinas aún a nuestro regreso del llamado pesebre colombiano.

En un intento por apropiarnos de una parte de la belleza de aquel lugar y de capturar en imágenes esas primeras impresiones, comenzamos a disparar nuestras cámaras.

Y fue así como dio inicio nuestro viaje a Puerto Nariño, donde estuvimos tres días y vimos nuestras expectativas superadas. Tres días en los que aprovechamos cada minuto, en los que esta localidad nos deleitó con sus atardeceres únicos, sus delfines rosados y grises, su particular flora y fauna, la admirable manera en la que hacen su aporte al planeta, las tradiciones, mitos e historias de sus habitantes y en especial su calidez humana.

Aprendiendo mitos, costumbres y sensibilizandonos sobre el cuidado del medio ambiente

Entre las diferentes tradiciones y mitos que descubrimos en Puerto Nariño Amazonas, algunos nos los dio a conocer Jeremias, quien nos habló sobre Nutapa, el dios de los pueblos indígenas, nos hablo también de los clanes, los delfines, el oso hormiguero y otros personajes que hacen parte de su cosmovisión. Así mismo, nos enseñó sobre la pelazón, una costumbre de los ticuna dedicada al cambio de niña a mujer de las jovencitas indigenas, un acto cultural como él lo llama, que se convierte en todo un acontecimiento para la comunidad y que es de gran importancia para esta etnia.

Jeremias es uno de los muchachos del internado San Francisco de Loretoyaco, cuando le pedimos que nos contara algunas historias quiso hacerlo respaldado en los murales que adornan la institución y que él mismo ayudó a pintar. En este instituto tienen un proyecto muy bonito, llamado plan Oxigeno, que invita a alumnos y turistas a sembrar y apadrinar un árbol. ¡Si… así como lo leen!, en el denominado pulmón del planeta tienen mayor conciencia que muchos de nosotros y se preocupan porque la naturaleza siga cobijandonos y que no nos falte el oxigeno que nos proporcionan los árboles.

Otra de las historias que llamó nuestra atención, la escuchamos de boca de la abuela de la maloca Moruapu, un lugar donde se busca preservar las tradiciones de los indígenas, como mitos y leyendas, tejidos con elementos naturales, danzas típicas y otro tipo de actividades destinadas al turismo de grupos. La abuela nos contaba sobre la creencia que existe alrededor del delfín rosado, en la antigüedad según reza la leyenda, el delfín emergía del río tomando forma humana para seducir a mujeres y hombres y llevarlos con él a su enigmático mundo submarino.

Estas son apenas unas de las muchas historias que escuchamos a nuestro paso por Puerto Nariño y el Amazonas, donde por lo que vimos abundan y es imposible no detenerse por unos minutos para conocerlas y viajar a través de la jungla colombiana también con nuestra imaginación.

Además, tuvimos la ocasión de acercarnos a la fundación Natütama, que significa: Mundo debajo del agua, allí de una forma muy didáctica realizan una completa aproximación al mundo acuático que domina la selva Amazónica y sus especies, como la tortuga charapa, o bawe en Ticuna, cuyas hembras pueden llegar a medir 90 cm o el bufeo rosado, como llaman ellos al delfín rosado, el delfín de agua dulce más grande del mundo, y que como nos explicaban nace de color gris y va tornando su pigmentación con el paso del tiempo. La fundación Natütama es una ONG donde se promueve el uso sostenible de los recursos y la biodiversidad gracias al desarrollo de proyectos de educación, investigación y conservación de las especies con la comunidad.

Los delfines Rosados del Amazonas, una de las tantas maravillas del Lago Tarapoto

Después de las instructivas e interesantes visitas al Internado San Francisco, a la maloca Moruapu y a la fundación Natütama, y de escuchar entre otras historias, las de los delfines rosados, ya era hora de verlos directamente, así que nos embarcamos hacia el lago Tarapoto, un espacio apropiado para divisarlos.

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Navegando por la selva inundada de camino al lago Tarapoto

Aunque como nos lo contaron, en la época en la que viajamos, ya desde Puerto Nariño podrían observarse, no quisimos perder la oportunidad de vivir la experiencia y navegar nuevamente sobre las aguas de la cautivante Amazonia.

La duración habitual de este paseo es de 3 horas, o 4 horas en temporada de aguas bajas, tiempo que aprovechan algunos viajeros para lanzarse al lago a nadar, para pescar, practicar kayak, entre otros. El recorrido también es idóneo para el avistamiento de aves y otras especies, en el camino de regreso nos encontramos a una pareja de turistas detenida a la orilla del río observando atentamente a un oso perezoso en lo alto de un árbol.

Antes de emprender el camino de vuelta a Puerto Nariño, nos acercamos a la comunidad del lago Tarapoto, allí no pudimos contener la curiosidad al ver una enorme sartén sostenida sobre unas piedras, Elliot quien gentilmente acompañó nuestro recorrido por la zona, nos explicó que se trataba de un “horno” para preparar la fariña, la fariña es una especie de cereal a base de yuca que acompaña todas las comidas. En ese momento conocimos en detalle el proceso completo que se debe seguir para su elaboración.

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Desde luego no podíamos faltar a nuestro objetivo de observar los delfines, buena parte del recorrido estuvieron acompañándonos y de tiempo en tiempo se dejaban ver en la distancia, por supuesto manteniéndonos prudentes y apagando el motor de la lancha para no asustarlos.

Visitar el lago Tarapoto es una experiencia que debes vivir en el Amazonas colombiano, así como la de subir los 68 escalones del mirador de Puerto Nariño, para tener unas de las mejores vistas de todo el municipio y de la región.

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Vista del atardecer desde el mirador de Puerto Nariño

Hospedaje en Puerto Nariño, sostenible y confortable

Justamente cerca del mirador se encuentra el hotel Lomas del Paiyü, allí nos alojamos durante tres noches y estuvimos bastante cómodos, tanto por su ubicación estratégica cerca de todo, como por su limpieza y la amabilidad del personal.

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El hotel está muy bien cuidado y algunas de sus habitaciones son realmente fantásticas como la 9C que se funde en medio de la naturaleza o la 17 que tiene un balcón con hamacas y donde se percibe a lo lejos el río Loretoyacu. Si están disponibles, no duden en reservarlas, son las favoritas de los huéspedes. Hay otras habitaciones un poco más pequeñas, pero también muy cómodas, con su baño privado y todo lo necesario para un buen descanso. De igual manera hay otras tipo cabaña y tipo hostal con baño compartido, por un precio más económico.

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Este alojamiento, hábilmente adaptado a la naturaleza, además de todo es ecosostenible, funciona únicamente con el agua que se recupera de la lluvia, tiene algunos muros construidos con botellas de plástico recicladas y tiene un zona de secado donde se aprovecha la energía solar.

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El hotel cuenta con un pequeño sendero, donde antes de las 7:30 de la mañana, al parecer llegan los monos para comer los bananos que dejan a propósito para ellos. Por cuestiones de tiempo, no tuvimos la ocasión de verlos, pero si de disfrutar en ese mismo lugar del área de hamacas diseñada para tumbarse un rato a descansar mientras se escucha el canto de los pájaros y se aprecian algunos árboles silvestres como el de copoazú.

Si realizas un viaje a Puerto Nariño, Lomas de Paiyü es una de las mejores opciones de alojamiento por un precio razonable, las habitaciones compartidas tipo cabaña van desde los 35 mil pesos por persona (12 euros), y las habitaciones privadas para dos personas por 90 mil pesos (30 euros). Para más información llámalos a los teléfonos: 3132684400 – 3138711743 o escríbeles a hotellomasdelpaiyu@yahoo.com

Viviendo Puerto Nariño Amazonas…

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Durante nuestra estancia en Puerto Nariño varias cosas nos sorprendieron agradablemente, por ejemplo que a pesar de ser un pueblo tan pequeño y tranquilo, siempre hay algo por hacer. La animación en las noches no falta, justo a la orilla del río tienen canchas de fútbol, donde se realizan algunos campeonatos, por lo menos en la temporada en la que estuvimos, donde hasta ahora estaban las aguas en ascenso. En ese mismo lugar a través de un parlante, se anuncian las actividades del pueblo, tales como minitecas y otro tipo de encuentros para la integración de la comunidad, eventos pensados en los habitantes de las diferentes generaciones, que generalmente se llevan a cabo durante el fin de semana.

También fue muy oportuno y placentero encontrar los puestos de comida en las noches, perfectamente adecuados con sus mesas y sillas en plástico para comer al aire libre y compartir la hora de la cena con otros viajeros y habitantes de la comunidad, ambientados por la música que se alcanza a escuchar desde los bares cercanos, todo a un volumen adecuado para no molestar. En estos puestos nunca falta el pescado asado al carbón ni las brochetas de pollo, servidas con arroz y yuca, al igual que con fariña y ají.

Ésta es una de esas poblaciones, en la que se disfruta de un ambiente sano y que nos despierta el deseo de recorrerla tanto de noche como de día y convertirnos en observadores activos de la vida diaria de un municipio que parece pertenecer a otro mundo; donde los valores y el respeto por los demás y por el entorno, no han perdido vigencia, donde a cada paso, aún sin conocernos alguien nos saluda y nos regala una sonrisa.

Fue muy enriquecedor explorar Puerto Nariño y saber que existen lugares como éste, donde han logrado incorporar el turismo sin generar un impacto negativo para la población ni para el medio ambiente. Por el contrario, integrando a sus mismos habitantes para que sean ellos quienes participen de forma dinámica, con su saber y experiencia, brindándoles el apoyo necesario para que se preparen, cumplan la normativa existente y sobretodo hagan sentir al turista como en casa.


Si tienes previsto un viaje a Puerto Nariño, cerca del muelle, a mano izquierda, hay un punto de información, donde te brindaran la ayuda que necesites y en Leticia, cerca al parque la Orellana, al lado de la oficina de Bancolombia, está la oficina de Fonturama,el fondo de promoción y desarrollo Turístico del Amazonas, allí gustosos atenderán a tus dudas.


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